Un capitán del ejército ruso le pide lealtad a dos de sus soldados rasos. Si éstos le satisfacen sexualmente ya podrá confiar plenamente en ellos de cara a futuras misiones.
Dos jóvenes que juegan al billar dejan de lado los palos de madera para utilizar sus propios palos de carne. El juego básicamente consiste en los mismo: meterla en agujeros.
Un superior del ejército abronca de lo lindo a un militar novato y, visto que la lección no le queda demasiado clara, le castiga físicamente, primero con su cinturón y luego con su megaporra.
Antes de pasar al coito, Max y Alejandro son de ésos que prefieren darse mimos con la lengua para tenerlo todo bien lubricado. Con sus penes y sus anos bien chuperreteados seguro que disfrutan más con el "metesaca", puesto que todo fluirá con más naturalidad.
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